Hay algo en lo que me pongo a pensar en varias ocasiones, sobre todo cuando estoy utilizando el metro y me pongo a observar a los demás pasajeros, y es que en realidad, como dicen, cada cabeza es un mundo. Cada persona que vemos por la calle, en el supermercado, en la parada del autobús, en los centros comerciales y cosas por el estilo, cada una de ellas tiene su propia vida, sus propias historias y anécdotas, sus propias vivencias, desventuras y conflictos.
Creo que no nos podemos ni llegar a imaginar por lo que puede estar pasando esa muchacha que de vez en cuando vemos en la panadería cerca de la casa, por decir un ejemplo. Puede que su vida sea casi perfecta, que no esté pasando por ningún mal momento. Pero por otro lado, quien sabe si en su hogar es maltratada, golpeada, o simplemente la situación y el ambiente en su casa no son para nada agradables.
Esto es algo que debemos tomar en consideración antes de empezar a juzgar a la gente. Muchas veces vemos personas en la calle e inmediatamente empezamos a decir o pensar cualquier cantidad de cosas sobre ellas, buenas o malas, y comenzamos a hacernos una idea (la mayoría de las veces errónea) sobre como es la vida de esa persona, así sea un desconocido o alguien a quien vemos todos los días, ya sea por la forma en la que se comporta, habla, reacciona ante ciertas circunstancias, o simplemente por ser como es.
Es algo a lo que (supongo) a nadie le gustaría estar expuesto, y lo digo por experiencia propia. Creo que todos (incluyéndome) deberíamos aprender a tratar a los demás, así sean desconocidos, puesto que no sabemos el daño que podríamos estar ocasionándoles al insultarlos, hablar mal de ellos y todo ese tipo de acciones negativas.
Todo el mundo tiene su propia historia a cuestas, TODOS, incluyéndote a ti y a mi.
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